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La injerencia de potencias mundiales en territorios africanos, durante el siglo pasado, ha dejado tras de sí una estela de violencia que no ceja con el paso de los años. La inhabitabilidad de los territorios en constante ardid bélico ha ocasionado grandes desplazamientos humanos que buscan, más que la paz, libertad. Mientras tanto, los ojos de las naciones poderosas, tras la colonia, están puestos sobre los recursos naturales y humanos que ofrecen estos países fragmentados, siempre dispuestos a convertirse en un polvorín: tal es el caso del Sahara Occidental, que analizaremos a continuación.

El conflicto del Sahara Occidental es un problema armado al tratarse de “confrontaciones abiertas entre 2 o más partes organizadas en constante disputa por el gobierno, territorio y o poder” (Smith, 2001). En el conflicto saharaui, existen dos partes organizadas que son el gobierno del Reino de Marruecos y el Frente Polisario, es decir, la representación política y militar del pueblo saharaui. Desde 1975 hasta la actualidad, ambos se han mantenido en disputa constante por el territorio del Sahara Occidental.

Sobre las partes del conflicto, se trata en este caso del gobierno de un Estado (Reino de Marruecos) y de un grupo armado no estatal que es el Frente Polisario, entendiendo como grupos armados no estatales a “Actores coherentes y autónomos, no estatales que dependen de la amenaza o del uso de la fuerza para lograr sus objetivos” (Thompson, 2014). Esto durante el periodo de conflicto armado, ya que cabe señalar que el Frente Polisario es un movimiento de liberación saharaui que comenzó a gestarse a finales de los años 60 buscando la independencia del Sahara occidental, sus comienzos fueron por métodos pacíficos con los que no consiguió que España aceptara la autodeterminación del pueblo, lo cual radicalizó las ideas de la juventud saharaui fundando el 10 de mayo de 1973 el mencionado frente, que retoma la vía armada contra el colonialismo español. Saliendo el último soldado español el 26 de febrero de 1976, El frente Polisario proclama la república democrática saharaui el 27 de febrero para llenar el vacío jurídico que había llegado a España.

Utilizando el modelo de Dessler y Smith para exponer el conflicto de manera general, tenemos que dentro de las causas contextuales del conflicto del Sahara Occidental se encuentra la Conferencia de Berlín de 1884, en donde España dio a conocer que estableció un protectorado en el territorio del Sahara Occidental (Embajada de la República Árabe Saharaui Democrática en México, 2014) y ocupó desde ese momento los territorios extranjeros. 

Otra causa contextual es la idea del “Gran Marruecos”, como explica Marcela Iglesias (2010), que trata de la idea de la posesión territorial marroquí del territorio que comprendía no solo Marruecos, sino además Mauritania, Argelia, Mali, el Sahara Occidental y Senegal, entre otros territorios; esto debido al valor estratégico de dicha zona, aunado a la gran cantidad de recursos naturales que se encuentran en estos territorios. Esta idea del Gran Marruecos influyó posteriormente para que Marruecos sostuviera que el territorio saharaui le pertenecía cuando España anunció su retirada.

Una causa contextual más se ubica en 1960, cuando, mediante la resolución 1514 (XV) del 14 de diciembre del mismo año, la Organización de las Naciones Unidas (2014) estableció otorgar a las colonias el derecho a la autodeterminación. Ésta es una de las causas contextuales más importantes, debido a que incentivó una gran cantidad de movimientos independentistas en África, dando fuerza a las proclamas independentistas en el Sahara Occidental.

En las causas catalizadoras del conflicto se encuentran la independencia de Marruecos en marzo de 1956: “(...) en París se firmó la declaración francomarroquí, por la que Francia renunciaba al protectorado impuesto en 1912 y reconocía la plena independencia de Marruecos, proclamada por Mohamed V” (Gargallo, 2014). Este hecho fue un factor importante para que Marruecos comenzara con proclamas territoriales sobre el Sahara Occidental y que posteriormente pudiera utilizar la fuerza militar de su ejército en las confrontaciones contra los saharauis para conseguir su agenda política.

Por otro lado, la difícil situación política interna que enfrentaba España en la etapa final del franquismo, hacia 1975 (Álvarez, 1984), influyó de manera determinante para que España se centrara más en sus asuntos internos que en la cuestión referente a la autodeterminación del Sahara Occidental. Otra causa catalizadora fue la creación en 1973 del Movimiento de Liberación del Sahara, que posteriormente se trasformó en el Frente Polisario de Liberación Nacional (Embajada de la República Árabe Saharaui Democrática, 2014) y ha sido, y sigue siendo, el grupo armado no estatal mediante el cual los saharauis han enfrentado al gobierno marroquí (y en su momento al gobierno mauritano) en la disputa por el territorio saharaui.

Hay tres causas detonantes del conflicto. La principal es que el 20 de agosto de 1974 España decide anunciar a la ONU su intención de abandonar el protectorado que poseía sobre el Sahara Occidental (Al- Haima, 2014), ante lo cual, Mauritania y Marruecos reivindicaron que el territorio del Sahara les pertenecía.

Otra causa detonante es el dictamen de la Corte Internacional de Justica del 16 de octubre de 1975 (ya que Marruecos y Mauritania habían decidido llevar el caso a la CIJ). Dicho dictamen no favorecía sus aspiraciones debido a que se estipulaba que “… ni podía constatarse la existencia de lazos de soberanía entre el territorio del Sahara y Marruecos y Mauritania” (Gargallo, 2014).  

Finalmente, destaca dentro de las causas detonantes la firma de los Acuerdos Tripartitos de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania en noviembre de 1975 (Al- Haima, 2014). Mediante estos acuerdos España cedió el territorio a Marruecos y a Mauritania a cambio de pagos de indemnización, pero estos acuerdos han sido calificados como ilegales debido a que se firmaron de manera bilateral sin conocimiento de la ONU, esto incentivó aún más las demandas por el territorio.

En las Estrategias de Movilización en el conflicto del Sahara Occidental se encuentran los objetivos de los principales actores involucrados y los medios que se usan para conseguirlos. Marruecos tiene como objetivo la anexión del territorio del Sahara Occidental, mientras que los objetivos del pueblo saharaui son la “autodeterminación” e “independencia” (como el embajador en México de la RADS Ahmed Mulay señaló en una entrevista que le realicé el 24 de diciembre de 2014). Mauritania tenía como objetivo la anexión de una parte de la zona del Sahara Occidental, pero firmó la paz con el Frente Polisario y se retiró del Conflicto ya que no contaba con las capacidades económicas para mantenerse en el conflicto. El medio utilizado por el gobierno de Marruecos para lograr su objetivo ha sido la fuerza militar estatal; en cambio, el Frente Polisario ha utilizado la táctica de guerrilla.

Pero, ¿cuáles son los intereses económicos de Francia, España y Estados Unidos en el conflicto del Sahara Occidental?, destacan las causas materiales de los conflictos, específicamente los supuestos e ideas de Paul Collier al respecto, y aunque éste hace referencia a las Guerras Civiles, considero que sus supuestos pueden aplicarse también a un conflicto armado como el caso del Sahara Occidental.

Collier (2000) escribe sobre la importancia de las agendas económicas para el conflicto; este autor explica que las agendas económicas pueden ser vistas como el “conductor del conflicto”. También explica que existen 3 medidas de las agendas económicas, y la primera medida son precisamente las exportaciones de los recursos primarios, ya que la exportación de estos productos puede dar cuenta de la riqueza de los territorios y esto aumenta el potencial de conflicto del territorio.

En el caso del conflicto del Sahara Occidental, pueden identificarse estos supuestos ya que los intereses económicos de Francia, España y Estados Unidos se ven reflejados en sus agendas dentro del conflicto. Estas agendas giran en torno a los recursos naturales del Sahara Occidental. Este territorio contaba, desde el periodo de colonización, con grandes cantidades de exportaciones de recursos primarios, principalmente de fosfatos. Incluso desde 1974 el Banco Mundial reconoció la riqueza de esta zona: en ese momento, las reservas de fosfatos estaban calculadas en 1,700 millones de toneladas; además se exportaban otros recursos minerales y pesqueros de la zona (Garduño, 2014). Así que esta gran cantidad de exportaciones de recursos primarios daba cuenta de la riqueza del territorio, lo cual aumentaba el potencial conflictivo de la zona, así como los intereses de las agendas económicas de varios actores, incluidos Francia, España y Estados Unidos.

Paul Collier (2000) establece que cabe preguntarse quiénes se benefician tanto del inicio como del mantenimiento de un conflicto, además explica que las Guerras Civiles pueden generar oportunidades económicas para algunos actores e, incluso, algunos gobiernos o grupos rebeldes buscarán obtener rentas durante este periodo.

España, Francia y Estados Unidos se han beneficiado del mantenimiento del conflicto que les ha permitido conseguir sus agendas económicas, ya que el territorio del Sahara Occidental aún no tiene un estatus legal definido. Además, Marruecos cuenta con capacidades económicas y tecnológicas de grandes dimensiones a diferencia del pueblo saharaui y, por lo tanto, ha podido explotar y comercializar los recursos de los territorios del Sahara Occidental otorgando beneficios e incentivos para el comercio con dichos países, como precios especiales y agilidad en los tiempos de las negociaciones. Asimismo, las oportunidades económicas que se han generado han sido para los actores (empresas) de estos tres países que trabajan con recursos como fosfatos, minerales y el mercado de la pesca.

La agenda económica de Estados Unidos se centra principalmente en los fosfatos y recursos minerales como el Uranio. Garduño (2014) explica que los fosfatos del territorio del Sahara Occidental son considerados de la más alta calidad, además su extracción es barata debido a que no se encuentran a gran profundidad. Los fosfatos son importantes para Estados Unidos ya que este país los emplea para la elaboración de fertilizantes, la fabricación de cerámica, medicamentos, el procesamiento para adquirir uranio, el procesamiento del petróleo y para armas; incluso el Dr. Sidi M. (2014) menciona que Estados Unidos ingresa el 25% del total de las exportaciones de fosfatos que exporta Marruecos.

Otro de los recursos que se encuentran en la agenda económica de Estados Unidos es el uranio. Garduño (2014) explica que Estados Unidos y Europa son los principales mercados de este mineral extraído del Sahara por Marruecos. Tanto los fosfatos como el uranio pueden ser usados para la fabricación de armas. En el estado actual del conflicto, Estados Unidos puede comerciar estos recursos con Marruecos haciéndose de precios especiales y de facilidad en las negociaciones, beneficiándose de esta manera directamente la agenda económica de Estados Unidos con el conflicto. Los márgenes de comercializaciones entre estos dos estados son de proporciones importantes ya que, como se mencionó anteriormente, sólo en el caso de los fosfatos el 25% de las exportaciones de Marruecos van directamente para Estados Unidos.

En el caso de Francia, su agenda económica ha apuntalado a los fosfatos y a algunas exportaciones de pescado, pero su principal interés en el Sahara son los recursos petroleros, que a raíz de los descubrimientos de yacimientos en Mauritania se comenzó a sospechar que el Sahara Occidental podía poseer también. Western Sahara Resource Watch (2013) señala que Marruecos concedió solo 2 licencias para las exploraciones petroleras en los territorios del Sahara Occidental; una fue para la empresa petrolera francesa “TOTAL SA”. Esta licencia fue otorgada en 2001 y la empresa petrolera ha seguido renovando su licencia. En 2012 y 2013 logró realizar estudios sísmicos en el territorio para seguir buscando yacimientos petroleros.

Finalmente, la agenda económica de España gira en torno a las exportaciones de fosfatos, pero sobre todo a los recursos de los bancos pesqueros del Sahara Occidental. Cuando España colonizó el territorio, exportaba los recursos obtenidos, por lo tanto, ya conocía el potencial económico que le brindaba el control del territorio. El principal ejemplo de la agenda económica de España respecto a los bancos pesqueros es el “Acuerdo de Pesca entre Marruecos y la Unión Europea”, de 2005; aunque ya había habido un acuerdo pesquero entre las partes anteriormente -de 1995 a 1999-.  El acuerdo de Pesca fue ratificado en julio de 2006 y entró en vigor en febrero de 2007 (Olivares, 2014). Cabe señalar que este acuerdo fue promovido activamente por España debido a que, como se describirá más adelante, este ha sido el país más beneficiado con el mismo.

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Olivares (2014) expone que este acuerdo pesquero otorgó 119 licencias para las embarcaciones de la Unión Europea, dando acceso a aguas marroquíes, pero también saharauis durante un periodo estipulado de 4 años y la UE pagaría a Marruecos 36.1 millones de euros por año. Al finalizar el acuerdo, el monto total ascendería a 144,4 millones de euros. España ha sido el país de la Unión Europea más beneficiado con este acuerdo, pues, de las 119 licencias que se otorgaron, obtuvo 100. En términos estadísticos, España obtuvo el 84% de las licencias (Olivares, 2014).

Lo anterior explica por qué los cabilderos de España fueron los más activos a la hora de las negociaciones con Marruecos, a pesar de tener conocimiento de que los territorios del Sahara Occidental estaban involucrados en dicho acuerdo y que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) había establecido que los recursos del Sahara no se podían explotar hasta que el conflicto se resolviera; no obstante, la persecución de la agenda económica influyó de manera determinante en la firma de dichos acuerdos. Por último, cabe señalar que en 2012 se volvió a negociar un nuevo acuerdo entre las partes, el cual se firmó a mediados de 2013 y comenzó a ser operativo en el año 2014. Lo relevante de este nuevo acuerdo es que integra 7 licencias más y los ingresos a Marruecos se llevaron hasta los 40 millones de euros anuales (Trasosmontes, 2014).

Siguiendo entonces los supuestos de Collier, los recursos primarios con que cuenta el Sahara han sido un factor primordial en el potencial conflictivo del territorio y en las agendas económicas de las partes en conflicto: Marruecos y el Frente Polisario, pero también de países como Francia, España y Estados Unidos. Collier (2000) establece que durante el contexto de conflicto puede darse el oportunismo comercial. Además, sostiene que los márgenes de comercialización pueden aumentar durante el conflicto y que, mencionado anteriormente, existe una supuesta presencia de actores que se benefician del mantenimiento del conflicto. Estas tres últimas ideas de Collier se pueden identificar en los intereses de estos países en conflicto, ya que Marruecos ha explotado los recursos del territorio del Sahara con estos tres países, cuyas empresas han visto la oportunidad de la explotación de estos recursos con los beneficios que otorga Marruecos, como precios bajos y agilidad en los procesos de negociación. Empresas como “TOTAL SA” o como explica Trasosmontes (2014) “JEALSA”, “MERIPUR” o “EUROPACÍFICOS” son empresas que han aprovechado el contexto del conflicto para aumentar su producción y comercialización gracias a estos recursos que consiguen a través de Marruecos; y como se trata de recursos primarios que se emplean sobre todo en el ámbito de la alimentación, creación de fertilizantes y armas, son de valor estratégico no sólo para las empresas, sino también para todos estos países.

España Francia y Marruecos se han beneficiado entonces del mantenimiento del conflicto debido a que Marruecos, como una de los partes del conflicto, busca tener rentas sobre los recursos y, dado que el estatus del territorio del Sahara Occidental aún no se define, utiliza su capacidad para la explotación de los recursos buscando su posterior comercialización, otorgando privilegios como el precio, y la rapidez de los acuerdos, a sus clientes. Si el conflicto se resolviera, Marruecos tendría la legitimidad total sobre la explotación de los recursos del territorio, lo que le permitiría regularizar completamente las condiciones de negociación, estableciendo precios de mercado internacional y no tendría que otorgar tantos beneficios en las comercializaciones. Por otro lado, si el conflicto se resolviera a favor del pueblo saharaui, estos tres países y sus empresas tendrían que comenzar un proceso de negociación con las nuevas autoridades, lo que podría llevar un periodo prolongado de tiempo y condiciones de mercado internacional inestables, o incluso podrían enfrentar la negativa de las autoridades para negociar con ellos.

Un supuesto final de Collier (2000) es que debe revisarse, más que el discurso de los actores, la agenda económica de éstos. En el discurso se puede mostrar una postura, pero mediante las agendas económicas se persiguen intereses que pueden contradecir los discursos, esto se puede observar en los discursos y agendas de España, Francia y Estados Unidos, ya que los tres países han mostrado discursos a favor de la autodeterminación del pueblo saharaui e incluso España es uno de los países que otorga una mayor cantidad de dinero a las organizaciones saharauis, pero mantiene una agenda económica en la explotación de los recursos de esa zona mediante Marruecos.

La exportación de los recursos primarios en la época de la colonización del Sahara Occidental fue uno de los elementos que aumentó el potencial de conflicto de esta zona, así como los intereses de Francia, España y Estados Unidos. El conflicto del Sahara Occidental gira en torno a sus agendas económicas, por los recursos primarios del Sahara como los fosfatos, los minerales y los bancos pesqueros.

Para estos países y algunas de sus empresas ha sido beneficioso que el conflicto se mantenga debido a que han podido acceder a las condiciones especiales que Marruecos les otorga, esto con el fin de conseguir rentas sobre estos recursos, en lo que el conflicto se resuelve. Algunas de estas condiciones especiales son precios bajos y rapidez en las negociaciones, lo que ha permitido aumentar los márgenes de comercialización de los recursos del Sahara y el beneficio económico para estas empresas, aun cuando Naciones Unidas estipuló que no se podían explotar los recursos hasta que se definiera la situación de los territorios.

Considero que mientras estos tres países mantengan sus agendas económicas centradas en el beneficio que les proporcionan estos recursos, será difícil avanzar en la resolución del conflicto del Sahara debido a que, como se explotan los recursos mediante Marruecos, éste ve un gran beneficio en la riqueza de los recursos del Sahara así como en la comercialización de los mismos, lo cual influye para que Marruecos se mantenga en una posición rígida respecto al conflicto y no vea un incentivo importante para negociar con el Frente Polisario. A este respecto, considero que, como Collier explica, la comunidad internacional podría ayudar “impidiendo que los suministros ilegítimos tengan acceso a los canales legítimos” (Collier, 2000), ya que se considera que la explotación del Sahara Occidental es ilegítima debido a que se estableció por la ONU que no se podían explotar los territorios hasta que se resolviera su situación, si se lograra impedir el acceso de los recursos explotados del Sahara a los canales legítimos, las agendas económicas de los actores podrían tener menos peso y se podría crear un espacio para la negociación.

 

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